viernes, 6 de mayo de 2011

Lecturas


¿Cómo convivir juntos?


El calamor y otros mitos de la intimidad, Evripidis Sabatis, Morsa, 2011, 159 páginas.


 

"El tiempo siguió su imparable paso, y naturalmente, todo lo que he dicho en este libro pertenece a un pasado que cada día parece más y más lejano. Pero Él sigue aquí. Cuando la tormenta se calmó y las heridas se curaron, el koala y la fura se hicieron finalmente la idea de que dos pequeñas fieras que han compartido mucho en una ciudad no muy grande es mejor que se den la mano, con mucho cuidado ya que ambos tienen las uñas afiladas, y que exploren las nuevas e infinitas posibilidades de este nuevo capítulo que se llama amistad. De esta manera, pueden mirar el uno la sonrisa del otro, tomar alguna cerveza o fumar algún cigarro juntos, echar una risa y en momentos difíciles recordar que érase una vez que se amaron y que el calamor, aunque los abandonó, les dejó aparte de cicatrices unos recuerdos bonitos y una bondad. Porque el calamor no es diabólico, simplemente es intenso, en lo bueno y en lo malo."  

El calamor y otros mitos de la intimidad, de Evripidis Sabatis es el último libro de Morsa, una pequeña editorial barcelonesa especializada en libros ilustrados que, entre sus méritos, cuenta con el de haber publicado la primera historia gráfica de Juanjo Sáez y reconocer la trayectoria de Curtis Garland, ícono del pulp español, divulgando unos de sus libros más emblemáticos y también sus memorias.
            Respecto de la temática que el libro aborda, se podría afirmar que ninguna lexicología sobre el amor bastaría para catalogar nuestros sentimientos, aunque, ¿quién alguna vez no lo intentó, configurándose en el amor, recreándose en él, ya sea tomando nombres prestados o inventándolos? Y todo para determinar estados que sólo pueden conocer dos en la intimidad. En El Calamor y otros mitos de la intimidad, Euripidis Sabatis transita por este derrotero de lugares comunes dejando claro a cada página que, por sernos comunes, estos lugares no dejan de ser únicos y, por tanto, singulares.
            Partiendo de la autoficción y apelando a un tú imaginario, necesario para completar esta intimidad evocada y compartida, hurones, koalas, babosas, cucarachas, ballenas, entre otros animales, constituyen las metáforas del Calamor como correlato útil para hablarnos del amor, el miedo, la amistad, el sexo y la soledad. Acompañado de las oníricas ilustraciones del autor, el libro conjuga prosa, poesía y canción, otorgándole, en su conjunto, un aura naif sin caer en la supuesta ingenuidad inherente a este concepto. Baste con escuchar Abroad, single de su primer disco, Euripidis and His Tragedies, para representar lo dicho y comprender que el entramado del proyecto artístico de Evrípidis Sabatis,-griego que compone en inglés y escribe en español-, podría resumirse en uno de los rasgos que Reinaldo Laddaga, en su libro Estética de laboratorio, confiere a ciertos artistas de estos tiempos: "Un imperativo rige a estas producciones: el imperativo dice que un artista debe, en la medida en que le sea posible, hacer accesibles a sus públicos los archivos del proceso por el cual el objeto o el evento que ha compuesto o preparado ha llegado a tener lugar, el carácter de los materiales que ha empleado, y las causas, hasta donde pueda averiguarlas, que han ocasionado el proceso que ha resultado en la composición."
             ¡Feliz lectura!

viernes, 28 de enero de 2011

Lecturas


¡Mentíme que me gusta, bolacero!

El error, César Aira, Mondadori, 2010, 186 páginas.

¿Qué Cesar Aira es, probablemente, el mejor escritor argentino vivo? ¿Qué acaso sólo puede haber un lugar en el número uno de esa hipotética lista? O, ¿qué Aira ha ejecutado la mejor impostura literaria desde Borges?, son preguntas que quien escribe relativiza las posibles respuestas, pero las considera dignas de mención antes de abordar El error, su última novela.
          Quien ha leído alguna novela de Cesar Aira sabe de antemano que en sus historias las cosas no son como son y que, por extensión, lo imprevisible es ley. Por tanto, si no hay ese pacto tácito, "va al hoyo el mozo y el gozo al pozo", dice el refrán al lector.  Quien, en cambio, no ha leído a Aira, iniciarse y atravesar junto al narrador esa puerta que dice "ERROR" es una experiencia para bien o para mal, sin dudas, recomendable.
          Explicar la trama de una de sus novelas puede resultar un fárrago por demás innecesario. Y esta no es la excepción.  Intentando no pisar el palito, diré que la novela se muestra como una constelación de historias relacionadas en torno a una figura central: el mítico bandolero salvadoreño Pepe Dueñas. De las tramas que hacia él y de él derivan destacan la relación entre una pareja y sus anfitriones, la vida de una presidiaria y su relación epistolar con un escultor, las aventuras de Pepe Dueñas y su relación marital. Historias que, en su conjunto, tienen como escenario a El Salvador y que, por analogía, forman parte de ese universo reflejado en la representación de un mural realizado en honor al bandolero.
          La inventiva, como motor sobre el que avanzan sus historias, sumado al oficio narrativo, es capaz de hilvanar tramas desopilantes que se suceden como fuegos de artificio ante los ojos del lector que, como se mencionó al principio, cuenta con dos opciones: creer y dejarse llevar, o cuestionar el modo en que Aira concibe la literatura. Ahora bien, este particular placer de la literatura por la literatura misma, repleto de ironía, paradojas e hipérboles no es sólo un capricho conceptual; también acarrea exigencias que pueden verse reflejadas en su escritura, donde se hace manifiesta la tensión del lenguaje y su potencial expresivo.  Valgan dos ejemplos: "…se desagregó aceleradamente" (pág.112). "Las orejas [de un perro], dos pequeños triángulos grises en la máxima tensión de la curva de los cartílagos, giraron sobre sí mismas, en una invaginación irracional"(pág. 119).
          Figura controvertida -asegura no corregir, se define como un escritor menor y al margen del mundillo literario- que genera admiradores y detractores, este cultor de la novela breve, que ronda la treintena de títulos, vuelve con El error quizás para enseñarnos que la novela es libertad, un compromiso nada desdeñable desde donde cuestionar la forma y el fondo de la literatura.   
           

             

viernes, 21 de enero de 2011

Cine




Red Hill: la venganza reivindica




Título: Red Hill (2010)

País: Australia 
Productora: Strand Releasing 
Director: Patrick Hughes 
Guión: Patrick Hughes 
Reparto: Ryan Kwanten, Steve Bisley, Tommy Lewis, Claire van der Boom




          De las pocas pelis buenas que nos trajo el cine durante el pasado año cabe destacarla por su frescura y por su apuesta. Pasó por la Berlinale y el Festival de Sitges, donde fue bien recibida. 

   Red Hill es una historia de venganza y, como toda venganza supone, una reivindicación. Los elementos que dan inicio a la trama, por simples, no dejan de ser efectivos: un joven policía junto a su novia embarazada son los recién llegados a un pueblo de esos que apenas aparecen el mapa y donde todos sus habitantes hacen la siesta. En su primer día de trabajo, el imberbe alguacil Shane Cooper descubre la cerrazón de sus compañeros de oficio junto con una atemorizante noticia de última hora: un homicida ha escapado de la cárcel y se dirige hacia el pueblo para vengarse de sus captores. Redondeando la atmósfera, tampoco falta la clásica tormenta que se avecina para purgar el infierno grande del pueblo chico. Y alguna sorpresa más.
    Relato de iniciación, trhiller y western, con dosis de humor y guiños al cine de serie B, se entremezclan no siempre con justo equilibrio, aunque sí llegan a un buen resultado. La fotografía, con guiños al cinesmacope, destaca sobre un guión efectivo, música de western y buenos protagonistas (sobre todo Steve Bisley, el Sheriff) acompañados de pintorescos personajes secundarios. Una grata sorpresa sin demasiadas pretensiones que, además de entretener, reivindica las posibilidades del western.  

martes, 9 de noviembre de 2010

Lecturas

 "Avenida Alcorta, cicatriz..."

Oscura monónota sangre, Sergio Olguín, Tusquets, 2009, (192 páginas).      
                                                                       




                    
     



            
         No es casualidad que entre los miembros del jurado que otorgase el premio Tusquets 2009 a esta novela se encontrara el escritor Juan Marsé. Esta aseveración se patentiza mediante las filiaciones que podrían establecerse entre Últimas tardes con Teresa y Oscura monótona sangre, ya sea por su temática o por la pretendida objetividad de sus escrituras al servicio de la historia que se narra: el conflicto de clases canalizado en la obsesión de sus protagonistas.
          Julio Andrada es un exitoso empresario porteño que viaja en coche diariamente, -del centro a la periferia-, hacia su fábrica, tomando la avenida Amancio Alcorta. Avenida que es límite entre esos dos polos sociales y, a decir de sus conocidos, algo insegura, dado que bordea las zonas pobres de la ciudad. Sin embargo, para él, este viaje por los barrios periféricos lo obliga a recordar su procedencia humilde y su intrínseca condición de hombre que se ha hecho a sí mismo, sorteando las adversidades de un destino que lo habría predestinado a la pobreza. Un mediodía, almorzando en una parrilla al paso, escuchando por casualidad a unos camioneros, se entera de que por la noche, en la avenida Alcorta, chicas menores de edad se prostituyen. Sin saber bien por qué, aunque acuciado por una vida monótona y una relación matrimonial insípida, acude al lugar donde conoce a Daiana, una quinceañera por la que se obsesiona. A partir de aquí, el relato adscribirá al registro policial, donde las circunstancias se tiñen -como es de esperarse-, de marrón oscuro a negro y crecen a ritmo vertiginoso, pero llevadas sin alarde de oficio mediante una escritura concisa, directa.        
       Entre otras cuestiones, me resulta ineludible no dejar de leerla en relación con En la sangre (1887), de Eugenio Cambaceres, pese a la distancia temporal  y a sus diferencias ideólogicas. Por una parte, Andrada y Genaro comparten la memoria de sus orígenes humildes y, pese a sus diferentes motivaciones por ascender socialmente, una vez que han llegado a lo alto, ambos son consumidos por un sentimiento de impunidad que es su ruina. Por otra, es significativo que la visión del otro como amenaza latente (sea inmigrante y/o pertenezca al fondo del estrato social), continúe siendo un estigma vigente por el que se polariza a la sociedad argentina (véase en relación El hombre de al lado). 
     Sin embargo, el mérito de Olguín, no radica sólo en observar esto, sino que se encuentra en el hallazgo del calvario de Andrade: el drama humano de un tipo común, de un antihéroe que, movilizado por el deseo de posesión -revivido por Diana, a quien, consecuentemente encierra en su fábrica-, arrastra hasta el final su propia cruz repleta de contradicciones.     

miércoles, 6 de octubre de 2010

Cómic


Cuando la culpa la tienen los padres


Stitches
, una infancia muda, David Small, Reservoir Books, 2010 

La serie de autobiografías en el mundo del cómic, iniciada o no por Harvey Pekar en 1976, con su American Splendor y que, saltando rápido a esta década podemos retomar con Mis circunstancias de Lewis Trondheim o Persépolis de Marjane Satrapi, se continúa en Stitches, de David Small haciendo aún más evidente ese carácter fronterizo que los teóricos de la literatura asignan para el género autobiográfico y que, por otra parte,  deja abierta una puerta más para el estudio y la investigación de una tradición (¿género?, ¿subgénero?) de cómics que los estudios literarios eluden.   
Dividido en cinco partes, el relato de David Small nos sitúa en Detroit, en la segunda mitad del siglo XX, para contarnos la infancia de su protagonista, un niño que crece entre el incómodo silencio de una familia de clase media, donde la incomunicación y la carencia afectiva son los motores que posibilitan una historia cargada de silencios y de sombras. Sin pretender mostrarnos el modelo de familia americana Stitches, sin embargo, se revela como el relato de una familia disfuncional donde cada uno de sus miembros se encuentra tan alejado del otro que, al encontrarse, tejerán los hilos de su trama. La cual, sin mediar misterio,  conviene no develar.   
          Frente a los segmentos de una vida carente de felicidad, pero dotada de gestos y expresiones que dicen lo que las palabras no pueden, Small cambia de registro para sumergirnos en el mundo de la imaginación y de los sueños en los que respiramos junto a su protagonista, tomando aire, para volver otra vez a esa sórdida realidad que conforman una niñez y una adolescencia privadas de una voz, aunque no de su búsqueda.  
La intertextualidad explícita y la apropiación de diferentes registros visuales, sorprenden y sacuden al lector, incapaz ya de fiarse de una monotonía pretendida, para contarle esta infancia  que, esbozada en blanco y negro, revela sus muchos matices.
Un libro capaz de retrotraernos al origen de esos puntos dolorosos, incómodos, que, vistos hoy, conforman  algunas de las cicatrices que nos acompañan desde niños.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Cine

La guerra de la medianera (una ventana hacia el doppelgänger)


EL HOMBRE DE AL LADO
Argentina, 2009.
Dirección: Mariano Cohn y Gastón Duprat.

Guión: Andrés Duprat.
Música: Sergio Pángaro.
Fotografía: Mariano Cohn y Gastón Duprat.
Intérpretes: Rafael Spregelburd, Daniel Aráoz, Eugenia Alonso, Inés Budassi, Loren Acuña, Rubén Guzmán; Debora Zanolli, Eugenio Scopel, Barbara Hang y Enrique Gagliesi.
Premios: mejor película en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2009, mejor fotografía en el Festival Sundance 2010, mejor actor -compartido por Daniel Aráoz y Rafael Spregelburd- y mejor director para Mariano Cohn y Gastón Duprat en el Festival de Lleida y premio del público en el Festival de Toulouse.


El segundo filme de la dupla iniciada con El artista, que tuvo por protagonistas al músico Sergio Pángaro y al escritor Alberto Laiseca, aborda la problemática entre vecinos, cuyo referente real fue conocido en Argentina como la "guerra de la medianera" (1).
 "Necesito un poquito del sol que vos no usás, mirálo desde ese lado." Explica Víctor, asomado desde el buraco abierto en la pared por la que pretende construir una ventana con vistas al interior de la casa de su vecino Leonardo, propietario de la tercera estrella protagonista del filme: la única casa que Le Corbusier construyó en América, ubicada en ciudad de La Plata, Buenos Aires (2).
Rafael Spregelburd interpreta a un complejo Leonardo, exitoso diseñador de clase media alta, propietario de la luminosa casa, en la que habita junto a su mujer y su hija, desde donde intenta trabajar pese a los progresivos ruidos e interrupciones provocados por su antagonista Víctor. Daniel Aráoz da vida a este sólido personaje corpulento y de una voz atemorizante, un tipo de barrio, ordinario, basto y directo, capaz de intimidar o hacer reír.
La tensión entre estos dos personajes, bajo el siniestro juego de observar y ser observado, es el eje principal sobre la que se construye esta comedia negra llena de situaciones incómodas resueltas con destreza y sin caer en golpes bajos. Planteada con inteligencia, aborda también otra serie de conflictos vinculados con la trama (la incomunicación, las relaciones familiares, la lucha de clases, la inseguridad, el éxito como lugar de poder, la alta cultura frente a la cultura de masas) que el espectador irá desgranando en pos de posicionarse en torno a uno de estos dos particulares vecinos.    

lunes, 20 de septiembre de 2010

Lecturas

Polifonía a la enésima potencia

Los muertos, Jorge Carrión, Mondadori, 2010, 167 páginas.


        Buenas y prolíferas críticas fueron las recibidas durante el corriente año respecto del lanzamiento de esta primera novela del joven escritor catalán Jordi Carrión, acompañadas previamente de una audaz campaña publicitaria que emula el lanzamiento de un evento televisivo o cinematográfico (1). Lo cierto es que su lectura poliédrica dinamita la/s significación/es posible/s aventurándose un paso más allá del caduco dialogismo de la novela decimonónica pretendido por Bajtín en el siglo XX. El autor, profesor y ensayista implicado en las nuevas tecnologías, arremete en Los muertos contra toda posible teoría interpretativa creando un objeto artístico que es, en su ambición, principio y fin de su propia hermenéutica.
 La obra comprende dos partes de ocho capítulos más dos ensayos apócrifos que complementan la visión de cada una de las partes. En ellas se narra la distópica serie televisiva de Los muertos, un apocalíptico mundo poblado de aparecidos y desaparecidos que buscan respuestas en torno al sentido de su existencia.  Nadie sabe de dónde vienen ni a dónde van. Sólo están ahí para ser atropellados por ese camello ciego que, como dijo Borges, es el implacable destino. Aunque a diferencia de aquel, aquí no asistimos a ninguna revelación o epifanía. No hay lugar en el mundo de Los muertos para una comprensión unívoca, ni un acontecimiento cifrado. Sí hay, entre otras muchas cuestiones que la novela aborda, realidades paralelas, interferencias platónicas y mediáticas, repetición y diferencia, post-posmodernismo y la inasible tensión entre palabra y la idea donde, en palabras del narrador, "quizás radique el enigma del arte".  
Su escritura sintética, precisa, por momentos epiléptica, que emula la rapidez de las imágenes de la tele de hoy, encuentra el contrapunto en los dos ensayos sobre los que se sustenta el artificio. Aunque, en opinión de quien escribe, la balanza recae sobre la inteligente propuesta de estos últimos.    
          Recomendado especialmente para todos aquellos amantes de las nuevas tendencias; los aficionados al resurgimiento de las series televisivas de esta década que acaba, y, finalmente, para los lectores interesados en teoría literaria.